
viernes, 31 de octubre de 2025

Un año más, el quinto, los cinco deditos bien tiesos, la sonrisa ancha, el brillo en la mirada y el orgullo sobre unos taconazos de escándalo.
Hoy, de diva. De jiji y jaja. De qué guapa estás, hija. De "ay, cielo, ni idea, hoy no vengo de curranta". De relaciones, de fotos, de cháchara. Lo dicho, de sonrisa ancha y brillo en la mirada...
Y la cabeza bien alta, qué coño.
Porque el trabajo ya está hecho y bien hecho. Porque lo he dado todo y no me he dejado nada en el tintero, para bien o para mal.
Y por lo aprendido, que es mucho.
Por las risas. Por los buenos momentos. Por la felicidad de sacar adelante un proyecto que no era mío, pero que hice mío, mater amantísima.
Lo amamanté, lo viví, le di mi aliento, mis ideas, mis sueños (los que sí eran míos), mi conocimiento, mis alas...
Lo he llorado también. Porque no hay gozo sin lágrimas, ni ego que no duela cuando el descuido (fortuito o no) araña.
El bebé cumple cinco y ya no es mío. No lo siento mío, si es que lo fue alguna vez.
Lo miro desde fuera de la pink carpet, un poco porque me he ido, un poco porque me han apartado.
Pero qué contenta y orgullosa estoy de haber contribuido a que se haga grande.
Le pese a quien le pese.






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